LA REVOLUCION DIGITAL: breves comentarios de una realidad que ya no entendemos por Heriberto Paz López

mundo digital

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Tenemos idea de hacia dónde camina nuestra civilización?

La tecnología, gran descubrimiento humano que ha venido a suplantar a la humanidad, sólo por la comodidad que ella misma nos brinda.

Una de las principales revoluciones del siglo XXI es el tránsito del mundo analógico al mundo digital, un cambio silencioso y acelerado que ha transformado la percepción de nuestra  realidad hacia los comienzos del nuevo milenio.

Los cambios tecnológicos de los últimos 100 años han tenido una aceptación cada vez más rápida. Como ejemplo, primero fue la luz eléctrica. Después, el teléfono, que tardó en consolidarse como artilugio doméstico. La televisión, en cambio, arraigó más deprisa. Finalmente, la informática y la conexión a Internet experimentan una tasa de crecimiento inimaginable. Todos estos cambios tienen una relación directa con el nuevo entorno digital.

Una conclusión de este cambio revolucionario es que la realidad no se entiende, porque no se ve. No se trata de un salto cuantitativo sino cualitativo, se ha alterado el contacto con el mundo y, por lo tanto, poder entenderlo. Una extrapolación de esta conclusión nos lleva a una interpretación de la locura del mundo actual, de la locura en un sentido amplio del término. Quizás la gente se altera porque no entiende lo que ocurre; y la gente no lo puede entender porque no lo puede ver. Existe una notable diferencia entre escribir un texto con una máquina de escribir y redactar con un programa de computadora. En el primer caso, es fácil entender cómo salen las letras impresas, todo se reduce a un mecanismo visible y fácil de comprender. Con los editores de textos, en cambio, se ve el resultado pero el “mecanismo” es invisible.

La analogía es el método que ve el mundo físico y la interacción entre la realidad que nos rodea. Un ejemplo práctico es el clásico reloj: las manecillas caminan a medida que transcurre el tiempo y así se establece una relación entre dos magnitudes, la velocidad y el tiempo. A comienzos de la década de los años setenta del siglo pasado aparecieron en el mercado los relojes digitales, en los que no se manifiesta ninguna analogía física, sustituida por unos dígitos que indican la hora. (Quizás el buen gusto de los diseñadores ha favorecido el predominio de los relojes tradicionales, con menoscabo de los relojes numéricos). Otro ejemplo de la aplicación del método analógico es la definición de las varias y sucesivas unidades de medida que ha utilizado la humanidad. Por ejemplo, la pulgada, el pie, etc. Los científicos necesitan afinar los cálculos y, así, la principal unidad de longitud, el metro, se define desde 1960 como el producto de un coeficiente por la longitud de onda de una determinada radiación de un isótopo del átomo de criptón, y en unas condicionas determinadas. La precisión, en este caso, aleja al individuo de la realidad. El experimento se puede reproducir en un laboratorio pero, desde un punto de vista macroscópico, la definición de la unidad métrica está muy lejos de nuestra percepción inmediata.

En consecuencia, se genera un nuevo grado de violencia (en el ámbito urbano occidental), desconocida en otros tiempos. Es obvio, sin embargo, que este fenómeno no es el único responsable de esta violencia. Las nuevas tecnologías digitales promueven el individualismo y la soledad. En la mayoría de las actividades humanas, en el campo laboral, doméstico y artístico, hay actualmente un intermediario digital. La “realidad virtual” sustituye al contacto físico, real, entre las personas. El sistema (el poder fáctico) seguramente saca tajada de la revolución digital. Tras los movimientos ideológicos que han traumatizado al siglo XX (fascismo, totalitarismos, dictaduras, democracias controladas), el paradigma digital actúa en silencio y permite un control del individuo a distancia.

Con una diferencia con respecto a los movimientos de control anteriores: en el contexto digital, el individuo no sabe contra quién o contra qué se tiene que rebelar. Esta frustración genera rabia y violencia. A la pregunta de si hace falta renunciar al avance tecnológico, probablemente hay que responder: no. El mundo actual sería inimaginable sin la informática, cada hito logrado en el entorno digital es un punto sin retorno.

La mejor manera de apreciar los méritos y las consecuencias de ser digital es reflexionar sobre la diferencia que existe entre bits y átomos.
En un mundo digital el medio no es el mensaje, sino una encarnación de éste. Un mensaje puede tener varias encarnaciones que derivan de una manera automática de la misma información.

La relación entre el hombre y la máquina. El temido proceso de deshumanización por causa de las máquinas se invierte. La preocupación principal es ahora su humanización. Las máquinas se integran cada vez más en la vida porque serán capaces de convivir con nosotros. Esto no es más que una forma de expresarlo, ya que las máquinas no se hacen a sí mismas. Somos los hombres los que diseñamos nuestros instrumentos y es a nosotros mismos a los que cabe la responsabilidad y el reto de diseñarlas de la forma más humana posible.
La realidad- que nos esperan a la vuelta de la esquina. La nueva era es la de la comunicación. “Comunicación” es un término que, desde la perspectiva de hoy, describe pobremente el tejido social del futuro. La sociedad futura será entendida como una gigantesca red de comunicación de todo tipo de informaciones y servicios. La mejora de los canales de comunicación posibilitará cada vez más una mayor diversidad de usos. La educación, los negocios, la información, el arte, etc., se irán acomodando progresivamente a la digitalización. Sobrevivirán aquellos que se den cuenta antes. Los que se empeñen en seguir pensando en átomos y no en bits quedarán fuera del sistema.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>